
La cantina se refiere, en el ámbito penitenciario, al sistema de pedido por catálogo que permite a las personas detenidas comprar productos a su costa. Estas compras cubren la alimentación, la higiene, la limpieza o incluso el tabaco. Lejos de ser un simple complemento, la cantina estructura una parte importante del día a día en detención: en 2022, la gran mayoría de las personas que habían estado detenidas al menos una vez en el año solicitaron al menos un producto a través de este medio.
Circuito presupuestario de la cantina: de la cuenta nominativa a la cuenta comercial
Cada persona detenida dispone de una cuenta nominativa gestionada por la administración del establecimiento penitenciario. Las sumas que se ingresan provienen de tres fuentes: los mandatos enviados por los familiares, la remuneración del trabajo penitenciario y las ayudas otorgadas por indigencia.
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Para realizar un pedido, el detenido completa un formulario de cantina. El monto se debita de su cuenta nominativa. Los ingresos generados por las ventas luego transitan por la cuenta comercial 912, un dispositivo contable específico de la administración penitenciaria. Este circuito conecta la administración local, el servicio de economato del establecimiento y los servicios presupuestarios centrales.
Esta mecánica sigue estando poco documentada en los medios. Para saber todo sobre la cantina en prisión, es necesario entender que cada euro gastado se inscribe en una cadena administrativa donde el detenido no tiene margen de negociación sobre los precios fijados.
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Precios de los productos en detención: los sobrecostos relacionados con proveedores privados
En los establecimientos de gestión pública, la administración penitenciaria fija los catálogos. En aquellos de gestión delegada, un proveedor privado gestiona el suministro y la distribución. La elección del proveedor tiene un impacto directo en las tarifas.
El Observatorio Internacional de Prisiones (OIP) ha señalado que un cambio de proveedor en varias prisiones de Auvernia-Ródano-Alpes provocó un aumento espectacular en el precio de ciertos productos. El caso del café ilustra el fenómeno: en las prisiones de Saint-Quentin-Fallavier, Villefranche-sur-Saône y Aiton, el cambio de Sodexo a Elior en octubre de 2022 hizo que el precio de 250 g de café subiera de 1,85 euros a 6,57 euros, es decir, un aumento del 255 % en un producto básico.
Elior invocó un error de visualización y un cambio de referencia del producto. El nuevo catálogo ofrecía más referencias, pero sin siempre mantener alternativas de bajo costo. Para una población ya precarizada, estos aumentos reducen mecánicamente la capacidad de cubrir las necesidades básicas de higiene o alimentación.
Lo que la inflación cambia en las decisiones de los detenidos
Un informe del Ministerio de Justicia publicado en enero de 2024 analiza la estructura de consumo de las personas detenidas en un contexto de alta inflación. La conclusión central: los detenidos deciden entre alimentación, higiene y tabaco como cualquier consumidor bajo presión presupuestaria, pero sin posibilidad de cambiar de marca o comparar precios.
Esta ausencia de competencia hace que cada aumento tarifario sea más violento. El catálogo de la cantina funciona como un monopolio local donde el detenido está cautivo.
Gestión del presupuesto en prisión: trabajo penitenciario e indigencia
La remuneración del trabajo penitenciario constituye la principal fuente de ingresos autónomos para un detenido. Los montos son modestos y varían según el tipo de puesto ocupado (servicio general, taller de producción, formación). Una parte de esta remuneración se retiene para constituir un fondo de liberación, una suma bloqueada hasta la salida.
Para los detenidos sin recursos, la administración penitenciaria otorga un estatus de indigencia. Este estatus da derecho a un kit de higiene básico y a veces a un pequeño crédito mensual en la cuenta nominativa. Los criterios varían de un establecimiento a otro, lo que crea disparidades.
- El trabajo penitenciario alimenta la cuenta nominativa, pero una fracción obligatoria se reserva para el fondo de liberación y la indemnización de las partes civiles.
- Los mandatos de los familiares están limitados según los reglamentos internos de cada establecimiento, con plazos de procesamiento que pueden retrasar el acceso a los fondos.
- El estatus de indigencia solo cubre las necesidades mínimas y no incluye productos alimenticios complementarios ni tabaco.

Control público y evaluación de las cantinas penitenciarias
La Corte de Cuentas ha integrado la cantina en su lógica de evaluación del rendimiento presupuestario de los establecimientos. La pregunta planteada es la sostenibilidad de los sobrecostos aplicados a los detenidos. Porque los márgenes generados por las ventas de la cantina no siempre se asignan de manera transparente.
En Bélgica, un magistrado miembro de una comisión de supervisión pudo consultar la contabilidad penitenciaria y constatar que los beneficios generados por las cantinas carecían de una base legal clara en cuanto a su asignación. Este tipo de control independiente sigue siendo raro en Francia, donde las comisiones de supervisión no siempre tienen acceso a los datos contables detallados.
Lo que podría mejorar la transparencia
- Publicar los catálogos de cantina con los precios aplicados, establecimiento por establecimiento, para permitir un control ciudadano.
- Regular por decreto los márgenes máximos aplicables a los productos de primera necesidad (higiene, alimentación básica).
- Hacer obligatoria la presencia de alternativas de bajo costo en cada categoría del catálogo, independientemente del proveedor seleccionado.
La cantina en prisión no es cuestión de confort. Determina la capacidad de las personas detenidas para mantener una higiene adecuada, complementar comidas colectivas a menudo insuficientes y preservar un mínimo de autonomía. Mientras los precios se fijen sin competencia real y sin control público sistemático, los detenidos más precarios sufren un doble encierro: el de los muros y el del presupuesto.